El día P

La noche anterior me la pasé con contracciones, incluso pensé que de ahí ya no pasaba, que me faltaban muy pocas horas paras entrar al hospital y verle la cara a mi pequeña fierecilla.

Pero no fue así, me dormí y descanse plácidamente toda la noche, me desperté decepcionada, pues faltaban cuatro días para cumplir las 42 semanas de mi embarazo, y no me atraía la idea de que me lo provocaran.

Esa mañana me visitó la ginecologa y me dió hora para provocarme el parto, y milagrosamente esa tarde volvieron las contracciones, tanto que a las 11 de la noche ya estábamos en el hospital con mis dolores, dolorosísimos cada 3 o 4 minutos, estuve en el paritorio horas, incluso pensé que quizás había acudido demasiado pronto, pero en fín ya estaba allí, y no me iba a ningún lado sin mi pequeña por fin en brazos.

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La sonrisa de Cleo

Con una recién nacida y un traslado por medio he tenido ocupado todo mi tiempo, y aún así tenemos la casa todavía llena de cajas. Estamos empezando una nueva vida, en familia.

La verdad que lo de ser madre te lo pueden explicar mil y una vez, con las mejores palabras del mundo, pero nada, absolutamente nada tiene que ver el que te lo cuenten a vivirlo, es la experiencia más intensa que cualquier persona puede experimentar (al menos bajo mi punto de vista) es tan duro y gratificante a la vez.

Llevo ya casi tres meses conociendo a mi hija, y ella a mi, intentando averiguar a que se deben sus lloros, sus sonrisas, movimientos, etc. Y a estas alturas ya los estoy descifrando, supongo que nos pasa a la mayoría de mamás primerizas que nos miramos y remiramos a nuestros pequeños muchísimas veces.

Una de las cosas que nos ha incomodado durante este tiempo ha sido el estreñimiento de mi hija, si, yo le llamo así, los médicos dicen que es pseudo-estreñimiento, falso estreñimiento o disquecia del lactante, inmadurez, etc. Porque al estar con lactancia materna me dicen que no puede tratarse de estreñimiento. En fin, mi hija hace las heces más duras de lo normal, se puede pasar noches enteras intentando sacarlas y ha llegado a estar hasta una semana sin hacer deposiciones, así que su “afección” la he bautizado con el nombre clásico… Sigue leyendo

Reflexión: Los niños en el médico

Este va  ser un post rápido para padres y futuros padres, es una cuestión que llevo planteándome desde que soy enfermera, es una peculiaridad que me ha ocurrido en más de una ocasión durante el ejercicio de mi profesión.

Cuando unos padres llegan a una visita médica o enfermera con su hijo, o es por una revisión del niño o es que le ocurre algo, por mala suerte.
Todos sabemos que estar en una sala de espera no suele ser muy agradable y el sentimiento se intensifica cuando estamos con niños, ya que como tales no suelen estarse quietos, y ahí llega el momento clave:

Madre a su hijo:
– Cómo no te portes bien…esa señor/a (señalando a la enfermera o doctor/a) ¡te va a pinchar!
Y, a veces, esta gran frase surge el efecto deseado por los padres y otras tantas no.


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