El día P

La noche anterior me la pasé con contracciones, incluso pensé que de ahí ya no pasaba, que me faltaban muy pocas horas paras entrar al hospital y verle la cara a mi pequeña fierecilla.

Pero no fue así, me dormí y descanse plácidamente toda la noche, me desperté decepcionada, pues faltaban cuatro días para cumplir las 42 semanas de mi embarazo, y no me atraía la idea de que me lo provocaran.

Esa mañana me visitó la ginecologa y me dió hora para provocarme el parto, y milagrosamente esa tarde volvieron las contracciones, tanto que a las 11 de la noche ya estábamos en el hospital con mis dolores, dolorosísimos cada 3 o 4 minutos, estuve en el paritorio horas, incluso pensé que quizás había acudido demasiado pronto, pero en fín ya estaba allí, y no me iba a ningún lado sin mi pequeña por fin en brazos.

Ahora mismo el único inconveniente que recuerdo de mi dilatación fue que no me dejaran mover todo lo que yo sentía. Estar sentada en una cama y con los dolores parece que todavía son mayores, aún así cuando no aguantaba más nos pegábamos los “tipícos” bailoteos con el papi ;), hasta que llegó el momento en el que finalmente pedí la epidural, no me vi capaz de seguir con las contracciones.

Casi lo primero que me dijo la anestesista, es que no me creyera que la epidural me iba a quitar el dolor, si no que solo me lo iba a aliviar, bien pensé, me daba un poco de mal rollo eso de no sentirme las piernas, y no se exactamente que ocurrió que la epidural se fue de madre… no sentía nada de pecho para abajo, tanto que pase un par de horas angustiada (sí, me entró algo de hipocondría pensando en no dormirme). Cuando se me pasó el susto pedí que me bajaran la dosis de anestesia (me dejaron puesta un bomba con ella) y volví a sentir las contracciones, con un dolor menor.

Sobre las 8 de la mañana (creo que era esa hora porque hubo el cambio de turno) ya me dijeron que me faltaba bien poquito para empezar con el expulsivo, tuve que hacer un baile de caderas para que mi Cleo acabara de bajar, y al rato empezaron los pujos.

Pujaba con cada contracción, tenía a todos allí animándome. Hubo un momento en el que pusieron un espejo, para que viera como en cada pujo bajaba algo la cabeza de mi hija, pero conmigo no funcionó eso, cuando vi aquello, lo primero que pensé, es que por ahí no podía salir una personita, en ese momento creo que fue cuando perdí las fuerzas y grité que no podía más que no tenia mas fuerza para seguir pujando, estaba exhausta. Pero no me podía rendir, así que seguí pujando con cada contracción que notaba, cogia tooodo el aire de paritorio con el descanso, y así casi sin darme cuenta ya asomó la cabeza de mi hija, recuerdo que cuando la vi el siguiente pujo fue el más fuerte que hice en todo el expulsivo, y mi hija salió de mi, llorando, llorando sin parar, le di la bienvenida de la forma mas dulce que pude, pero mi niña lloraba y lloraba sin parar, hasta que se agarró a mi pecho.

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